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Saturday, July 11, 2009

CUENTO: Un personaje sin conflictos y/o el descaro de los escritores

Como no he escrito en algunos días, y se supone que este blog haya revivido, les voy a postear el cuento más reciente de mi propia producción producida para el Campeonato de Cuento Corto Oral de la Universidad del Sagrado Corazón. Aunque esta producción no llegó a producir el producto necesario, en otras palabras, no llegó a los 30 finalistas como en Miss Universe y me quedé con las ganas de leerlo. :-( :-0 Se los voy a poner para su deleite y el mío. Siéntanse en la libertad de criticar, sugerir, reseñar, linkearlo, comentar, avisarme si le falta alguna coma o acento que los tomaré en consideración (creo) (jajJoel JOEL Joel

Aquí va.


Un personaje sin conflitos

y/o

El descaro de los escritores

Joel Feliciano


Andaregueaba sobre el papel la silueta plana de un personaje hecho de letras. No tenía conflictos. Se entretenía velando los verbos cuando bajaba de párrafo en párrafo, o admirando los adjetivos, o jugando cartas con las conjunciones. No le preocupaba el calor ni le temía a la lluvia. Lo único que más o menos le molestaba era el lápiz del escritor.


Cada vez que el escritor corregía su texto le puyaba las nalgas al personaje, a quien, para evitar aquellas punzadas dolorosas, se le ocurrió una idea en vocablos. Agarró una oración y le dio vueltas como una soga al estilo de los vaqueros para ahorcar al maldito lápiz, sin saber que comenzaba a entramar una historia.


¡Maldito lápiz!, repitió, asombrándose de su primera emoción.


El grafito se partió en su frente, raspándosela. Se tocó por instinto y sus dedos se tiznaron. Las manchas le hicieron descubrir que su índice y su pulgar ya no eran planos, sino que las palabras los rodeaban. Aquella nueva redondez tenía tanto peso que se reconoció: no como un personaje, sino como una persona real a quien había que respetar.


El escritor afiló el lápiz sin notar el enojo del protagonista. Se disponía a corregir, pero el papel se sacudió. El escritor se espantó, inspeccionó la hoja y creyó que un vientito la había soplado, así que cerró la ventana. Regresó al cuento y no tuvo que esforzarse para ver que en letras mayúsculas, subrayadas, cursivas, ennegrecidas y entrecomillas decía: NO ME VAS A PUYAR MÁS LAS NALGAS, ESTE CUENTITO SE ACABÓ. Y justo después, el personaje agarró los bordes del papel desde adentro, lo hizo un bollo y se lo tiró en la cara al escritor, por descarado.

Thursday, October 11, 2007

Quiero escribir un cuento...

...que empieze en el final y termine por el medio, que no se deje leer de arriba hacia abajo, que se escriba solo y con letras inciertas que se inmolen y se muerdan unas a las otras, que se obcequen y se cancelen, que esas letras crean que dicen algo, que se crean que acarician las voces de los transeúntes y de lo fisgones a quienes creo pertenecer y me defiendo preguntando: ¿para qué entonces son los ojos sino para fisgar, para morder pieles lejanas y guardar abrazos envueltos en papel de regalo de Navidad?, ¿para qué son los ojos si no pueden tocarte? a ti, que te has marchado y me has dejado en esta tierra embarrada de mares, encarcelada de arena y de sol, y te llamo y suena el timbre y parece que se desvanece en los circuitos de la inmaterialidad, en una pared blanca con un letrero amarillo que dice: "el final"; y no entiendes el mensaje que dejo en la grabadora, porque mi mensaje es un cuento que no tiene principio, ni medio, es un simple andar de letras inciertas con ínfulas elitistas, es un reguero de olores de pinos y es una niebla húmeda que flota en las páginas de mis pestañas, las cuales se van derrumbando con el rodar de las manecillas de un faro, que también es un reloj, unas manecillas que parecen brazos humanos, mis brazos que se expanden y estrechan tu sombra perdida en mi memoria y en el filo de mis dedos que te llaman mientras vibran, mientras teclean en la computadora dicen tu nombre, y se aferran a la ilusión de que volverás, de que inspirarás algo que empieze por el medio y termina en el principio; que tomarás un tren de luz, que cruzarás el océano y que inspirarás los puntos supensivos de un cuento que escribir quiero...

Sunday, July 08, 2007

Autoretrato

((Rumiando desinteresadamente entre lodazales de papeles acumulados (mientras recojo el cuarto en preparación para el viaje), encontré este supuesto "autoretrato". Era un ejercicio de algo, no sé de qué, seguramente de descripción de un taller que había tomado hace tiempo... Claro que me escribí mucho más hermoso de lo que soy, o quizás ni se parece a mi... (y claro, iré editando someramente el texto mientras lo vaya transcribiendo, porque es un poco incomprensible en algunos momentos [aunque seguro que quedarán lagunas]).))

:-) <----------- ME
Cada hebra del pelo está cuidadosamente colocada a distancia prudente, cada una cae muerta sobre los ojos techados por cejas que se despeinan en el entremedio y que se estiran con perfección al confín de su nombre dirigiéndonos hasta el pelo de nuevo, que se mece con el aire de un abanico sobre unos pómulos colorados, colorados por el sol, por el calor, el frío y el ardor; su piel es así: cambiante, dependiendo de la luz, la ruda superficie lunar de su cara se transforma a una gentil duna de arena, suave y áspera al mismo tiempo, una piel que se vuelva en los labios siempre unidos y callados; hoy los dos labios se ven igual de consistentes, igual de carnosos, igual de pálidos, otras veces se cuartean, se parten arden de tan sólo mirarlos y en otras ocasiones esos labios parecen dos lascas de sangre delineadas por un precipicio allí en el medio del labio superior adonde se hunde una jabonera que anuncia los túneles de la respiración, mientras que otro barranco bordea el labio inferior haciéndolo desbordarse sobre el pasaje hacia la barbilla formada por un valle en medio de dos montañas en las que nacen bosques de barba que se extienden por toda la línea de la mandíbula hasta acercarse a las orejas sofocadas por el pelo; el bosque de la barba se interrumbe en los cachetes hundidos que hacen que la boca y la quijada protuberen, a veces en la noche parece un lobo y si enseña los dientes se podrían apreciar sus cuatro colmillos pronunciados, los cuales, al unirse con las pupilas perdidas en la oscuridad del iris y en el misterio de los párpados, se aparean para despreciarte o acogerte.


((¿y quién dijo que no podía ser una sola oración?))
(((Y bueno... esto era de cuando tenía pelo largo)))

Wednesday, June 13, 2007

Péndulo

Péndulo
como péndulo
tu lengua en mi sexo
oscila
-Jocelyn Pimentel


La monotonía es el péndulo del vetusto reloj de caja pendido en la pared y el lánguido rumor de sus engranes. Es el polvo que lamina los muebles y las tazas en las repisas. La monotonía es el recuerdo de ti cuando probábamos el sexo todas las tardes y mañanas y noches. La monotonía es este vaivén en esta raida butaca. Es el resbalar del tiempo sobre mi piel sin ti.

((Y este cuento es dos cosas [como los amarillitos, que es el color en diminutivo y el fruto frito que sabe tan rico]: 1. el estudio de la monotonía que Jocelyn convocó hace cuchucientos días, y 2. un cierto acompañante melancólico a su propio Péndulo))

Tuesday, June 12, 2007

La función

La función
El payaso se había pintado el alma en la cara para entretener al público insaciable.


((esto es una contestación [o un acompañante {como los amarillitos fritos}] al mini-cuento Malabarista, de Iva)).

Wednesday, May 16, 2007

Delátame

Pues, dado que Luis Ponce publicó su cuento casi ganador (o debería decir no-ganador) del Campeonato de Cuento etc etc, pues me dio envidia y también publicaré mi cuento no-ganador. Aquí va.

Ah, otra cosa, esto lo escribí como parte de lo que aparenta ser una serie de cuentos extraños, así que lean: Acúsame antes o después de este pa que vean los paralelismos (si es que los hay).


Delátame
©

Pero la saliva te hace resbalar sobre los pulcros azulejos del claustro baño. Te sostienes del lavamanos y observas al sol matutino fulgurar a través de la ventana, sus columnas de luz ensartan la niebla de vapor que revolotea en los ápices del techo desde que te duchaste. Apesta a saliva y a dientes amarillos. Apesta la boca que bloquea la puerta, entre cuyos labios pulposos se estriega la lengua hinchada, aguándose ante tu cuerpo desnudo; y te husmea. Te acecha. Te fisga. Te pregunta si accederás, si permitirás, una vez más, que te relama la piel límpida y lustrosa. Y la saliva se le derrama copiosa. Tus pies descalzos se escurren. Resbalas. La lengua te sujeta con su áspera tersura. Y gime. Y aprovecha para saborearte y arrastrarse desvergonzada sobre tu ombligo, alrededor del torso, por tu vientre, y sobre los tiernos músculos que se asoman bajo tu piel de miel. Te asqueas. Y la apartas. Una red de hilos gelatinosos se adhiere a tu mano y se estira. La lengua babea con abundancia y exhala su empapado aliento de vinagre, y se agita, escupiendo las esquinas. La saliva se empoza, pues apenas se drena por la ranura de la puerta. Ya flotas en las lavazas aglutinadas y espesas que te hurgan entre las piernas. Y vuelves a negarle el placer a aquel gusano. Si no te dejas lamer, te masticaré y te chuparé hasta que no te quede piel, y diré lo que haces y contaré lo que me haces, te delataré... La saliva ondea perezosa con cada palabra de la lengua, como un charco pantanoso. Y te niegas por tercera vez. Furiosa, la lengua separa los labios y comienza a tragarse el pozo de saliva. Tu cuerpo se desliza como en una chorrera y se deposita sobre el blando beso de la boca. Y la boca sonríe y la boca jadea. La sientes trepidar en éxtasis al encontrar tu carne caliente, y sientes la lengua lamiendo la galería de tu espalda. Esbozas un gesto de repugnancia y, sin mirarla, le susurras con rencor y con la sonrisa mordaz tu ingenio: delátame y verás.

Monday, April 09, 2007

Súper-mega-mini-cuento: Copia

Copia
©
Joel Feliciano

Apretó "copy", su uña carcomida. La luz fluorecente pestañeaba sobre la máquina asépticamente blanca. Apretó "copy". Rescató la página, nuevamente.

Sunday, April 08, 2007

Súper-mega-mini-cuento: El alivio

El alivio
©
Joel Feliciano
Sucumbidos los hombros, deambulaba sobre adoquines abatidos de lluvia. Campanas rimbombaron omnipresentes; sus extremidades perdieron lastre y gravitó apacible.

Saturday, April 07, 2007

Súper-mega-mini-cuento: Antártica

Antártica
©
Joel Feliciano
Desenvolvió el bombón de menta. En su boca se disolvió. Tomó agua antártica y sintió glaciales ardiéndole en el estómago.

Saturday, January 20, 2007

La Bruma

La Bruma
©

-Vete y no vuelvas nunca más -con la voz ronca le dices a la bruma que te sostiene los pies contra la cama con sus blanquecinas manos. Tus palabras eran como un conjuro para espantarla. Te esfuerzas para levantar la cabeza de la almohada y mirarla. -Déjame -logras pronunciar otro susurro áspero. Las energías dormidas te regresan y sacudes la bruma de tus pies, disolviéndole sus extremidades. Pero ella lee las mentes. Y nota que miras a la puerta. La bruma evapora su cuerpo fantasmal y se deshila en múltiples hebras de vapor que pronto cubren la habitación de una niebla pesada y lechosa. La puerta desaparece tras ella. La bruma te presiona ahora todo el cuerpo, de forma constante y uniforme, contra la cama. Y resuelves que la bruma quiere otra cosa. Te safas de sus omnipresentes manos y te incorporas. La bruma se revuelca en pequeños torbellinos al lado de tus hombros. Pones los pies en el suelo húmedo de rocío. La fobia de aquel claustro te desespera y tanteas en todas direcciones para orientarte entre aquella blancura desabrida. Corres. La niebla hace nudos en el aire. La perilla no da vueltas. El seguro está atorado y el metal resbaloso. La bruma piensa en todo. Se succiona por debajo de la puerta y ahoga los cantazos que das. Luego, la sientes sigilosa en tu boca, en tu nariz... y te azota las cuerdas vocales con un ventarrón huracanado. Te impide gritar. Vas perdiendo la fuerza en las rodillas y te acuclillas con lentitud. Intentas exprimirte de la garganta el ahogo. Gorgoteas de asfixia. Y paulatinamente te evaporas.


Octubre 11, 2006
Enero 20, 2007

Friday, January 12, 2007

Los cuatro cuadros

Pero encontró cuatro fotos de cuatro cuadros en un libro que alguien había tirado en la mesa. Y dejó de escribir para pensar en el olvido. Porque los cuadros son el silencio en el espacio. Son columnas y sombras y pisos limpios. Y recuerda el reguero de su estudio. Y recuerda que ya no vive con su madre que le recogía el polvo que brincaba bajo la cama. Y recuerda que no recuerda a su padre. Que no lo recuerda porque no lo conoció. Que no lo conoció porque se tiró de un faro un mes después que él nació. Y el faro de uno de los cuadros, que son fotos, le recordó su vacío y el reguero de su cuarto. Porque aunque sea pintor, escritor, maestro y escultor aun está vacío. A lo mejor no es vacío, sino aburrido. Que todas las mañanas se levanta y el día nace soleado como todos los días, y es igual que todos y nada pasa. Pero le gusta el vacío, el espacio vacío y la plaza rodeada por una pared del otro cuadro que es una foto. Pero no le gusta el reguero de su cuarto. Y no se entretiene ni recogiendo ni ensuciando.

Pero entonces cierra el libro y se va a su estudio y busca las fotos. Y las fotos tenían el polvo brincándoles encima. Y las puso en unos marcos. Y las enganchó en la pared. Y miró el cuadro de la foto de su padre que murió en el faro. Y miró el cuadro de la foto que le tomó a su madre cuando recogía el polvo bajo su cama. Y miró el cuadro de la foto de cuando él era un bebé, solo, en el piso de la sala sin muebles acabada de comprar por su padre. Y vio la foto de él ahora, con un delantal sucio, sentado frente al cuerpo esbelto de una mujer que era una escultura blanca cuya cara era todavía una cruda piedra vacía.


Noviembre 19, 2003
7:15 PM

Wednesday, December 20, 2006

Holiday Warmth o Ella está feliz

Holiday Warmth o Ella está feliz
por: Joel Feliciano

Sube las escaleras hacia su apartamento. Camina por el pasillo de su piso alumbrado por una luz tenue, que la baña de tonos sepia, y hace que sus movimientos sean más lentos. Imagina lo que hará esa noche. Se imagina mirar el techo mientras el sol termina de ahogarse en el horizonte. Un leve tintineo de dos únicas llaves se escucha. Abre las dos cerraduras de su puerta, la segunda truena como el choque de las bolas de billar a donde estuvo esa tarde; libre de tareas universitarias, se había pasado el día paseando por su ciudad de frías nieblas, su ciudad de luces entumecidas por nubes, de aires memorables de nostalgia y recuerdos enternecedores. Entra en su apartamento. Por la ventana al final del pasillo de entrada entra el final del día: una claridad vaga que la divierte, que desenfoca las sombras y que une las vidas. Deja caer las llaves en el counter de la cocina, pues no tiene una mesa de comedor. Suelta su bulto en otra esquina. Se quita los zapatos. Camina en medias. Siente el frío del suelo de madera. Siente la mullida suavidad de la alfombra del cuarto. Enciende el radio que está en el piso. La estación fue predestinada desde ayer: un Jazz absorbente y grueso. El saxofón embadurna los rincones de una tristeza hermosa, de una alegría de olas de mar. El piano timbra y ausculta los misteriosos rincones con curiosidad, y suena en el trasfondo de una fotografía en blanco y negro. Ella se trepa en la cama, su único mueble. Abre la ventana que hay en la cabezera y el frío entra. Enciende la calefacción, que está al alcanze de su mano, para no congelarse. Es una chica complicada. Le gusta el frío natural, pero no le gusta congelarse. Tiene sentido. Y para que ese calor se le quede dentro enciende un cigarrillo. Y mira la chispa ardiente en la punta. Y exhala hacia la ventana, enrolladas sus piernas entre sus brazos, sobre la almohada. El humo se escapa por la ventana, pero queda el amargo olor en la habitación. A ella no le importa y mira el cielo gris, mira la niebla que se confunde con el humo. Apuñala el cigarrillo en el cenizero, donde descansan en paz otros cuántos. Se acuesta en la cama, y presiente los cambios de la luz, que se desvela como un telón de terciopelo en el teatro; aparecen pliegues tras los objetos, tras los libros. Recuerda entonces el ramito de pino que arrancó de algún árbol de navidad que vendían en la calle de camino... Lo saca del bolsillo de su camisa. Lo huele: un agridulce que la sumerge en memorias intocables. No puede comprarse uno. Entonces escucha la voz solemne, honda, y levemente rugosa de un hombre en la radio. Imagina a un hombre negro, con la sencillez de una sonrisa sumamente blanca. Cierra los ojos escuchando la siguiente tonada, y se imagina la noche, se piensa abrazada por otro cuerpo en aquella cama, entre las sábanas tibias por la piel. Cuando abre los ojos ya la ciudad ha ennegrecido, las cornisas de los edificios cercanos relumbran con las girnaldas navideñas. Respira profundo, su pecho se yergue... Puede escuchar los rastros del retintinar de un villancico a lo lejos. Entonces tocan a su puerta. Se levanta, saca de la nevera la botella de coquito que su amigo le ensenó a preparar; la única receta que se ha dignado a hacer, solamente para aquella ocasión; y pone la botella en el counter, el contenido espeso y cremoso la excita. Se sirve en uno de sus tres vasos de cristal, la crema se desliza y ella se deja dominar por el amigable olor de la leche condenzada mezclada con el hambriento vapor del ron... Sonríe. Y camina hacia la puerta. Abre y toma de la mano a aquella otra sombra.


Dedicado a Alexandra, quien vive en la gris ciudad de San Francisco.

Saturday, December 09, 2006

El dinosaurio

El dinosaurio
por: Augusto Monterroso

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Fin

A la verdad que parece un dinosaurio sí, caramba.

Thursday, November 16, 2006

Acúsame

este es un cuento raro...


Acúsame

por: Joel
©

Cuando a las paredes le brotaron ojos oscuros y góticos, con el delineador marcando más aún ese blanco que envuelve las pupilas, te pusiste a temblar. Las cuatro paredes te observaban, junto al piso, junto al techo. Doce ojos. Te miran. Te ignoran. Vibran. Lagrimean. Sus cercanías te hacen explorar sus imperfecciones, que son a la vez sus perfecciones. Las cristalinidades de los iris. Las estelas de colores como las vetas de las canicas. Un ojo tiene una pajita, y parpadea; las pestañas agitan el aire. Te soplan. De pronto huele a químico de revelar fotos. Pones un pie en el piso; sientes la frágil acuosidad de un ojo, y sientes el párpado capturarte el pie. Los ejes de visión se tornaron directos a tí. En aquella cámara oscura te aíslan. Radiografían. Topografían. Sonografían. Fotografían. Te hurgan los huesos. La sangre. El oxígeno que traes dentro. Observan tus neuronas y la electricidad que se desplaza por tus pelos. Tu cuerpo te sacude. Te ven tus pensamientos. ¿Qué ocultas? Te preguntan. ¿Qué ocultas? Y en un lapso mínimo de lúcida inteligencia, guardas silencio, sonríes y los señalas.

Saturday, November 11, 2006

Dinero

No sé si sabían que ando haciendo maestría en creación literaria... pues ahora lo saben. Y pues, este es un ejercicio de diálogo, cuyo resultado me gustó. El propósito del ejercicio no lo logré (del todo), pero el cuento está chévere... (al menos eso creo).

Dinero
por: Joel
©

-¿Me puedes prestar unos chavos?

-Sí, claro. ¿Cuánto?

-Eeh... -lo pensaste, antes de decir la cantidad completa- Tres...cientos...

-¡Trescientos pesos! ¿Estás loco?

-Pero no es tanto...

-Estás loco, mano. ¿De dónde voy a sacar trescientos pesos?

-¿No tienes ningún ahorro?

-¡Ja! La verdad que eres cojonú. Si los tuviera no te los prestaba. ¿Tú sabes lo que son trescientos pesos?

-Sí -dijiste, preguntándote qué hubiese dicho si le decías la cantidad correcta.

-Bueno, ¿y para qué quieres tantos chavos así de momento?

-Es que tengo que pagar... el celular.

-¿Trescientos pesos de celular? ¿Pero y cuánto tu hablas?

-Un montón.

-Estás cabrón. Estás cabrón.

-Sí -dijiste, y se te escapó entre los dientes-: voy a tener que pedir un préstamo...

-¿Un préstamo? -te escuchó-. ¿Para pagar un celular? Mano, córtalo por un mes, y págalo poco a poco. ¿Un préstamo pa un mísero celular? Es más, toma -te dio veinte dólares-. Empieza con esto hoy. Pero tienen vuelta. Oíste.

-Sí.

-Pero dale, acábate de ir.

-Ya voy, ya mismo. Tengo que comer algo, que tengo un hambre.

-Oye, ¿tú no estás en algo mafioso o algo así, verdad? -dijo él sonriendo.

-No, no, no. ¿Yo? ¿Con lo pendejo que soy? ¿Cómo va a ser?

-Na. Es que parece que le debes chavos a la mafia o algo así.

-Ahora el que está loco eres tú. Las cosas que tu piensas...

-Bueno, uno nunca sabe. Mira los terroristas esos, un día son buenos y al otro se tiran con to y bomba.

-Jum.

-Oye, ¿te acuerdas de Samaida?

-La que estaba bien buena en el party, sí.

-Pues esta noche le voy a dar bien duro.

-Ok.

-Primero la voy ya llevar a comer y después no se sabe. Así que no puedes estar aquí cuando vuelva.

-Ok.

-Bueno, pues me voy a bañar, porque como tú estás hablando tanto...

-Oook.

-Ok, ok, ok, tan cabrón...

-Mañana me dices cómo te fue.

-Sí, sí -y se metió al baño.

-¡Oye!

-¿Qué? -contestó, su voz se escuchaba con eco.

-¿Tienes el teléfono de Robert?

-En el celular. Búscalo. Le a vas a pedir chavos a él también, ah.

-Sí.

-Buena suerte... Ese está más pelao que tú y que yo juntos

Friday, October 27, 2006

Absentism

Absentism
By: Joel
©

The teacher calls: "Joel", he answers: "I'm not here".




ps.(qué cuento pendejo, bueno, peor es nada).
ps2. (I'll come back soon, busy busy, and no internet, i know u dont miss me)
ps3. (watch the show: HEROES, its awesome, on NBC 21).

Saturday, October 14, 2006

Y no me avisan

Y no me avisan
Por: Joel
©

(Una historia real)

La doña iba distraida. Pasa por el área de los espejos, donde dos hombres y un muchacho se lavan las manos. Pasa por el área de los urinales. Grita. Y corre de vuelta hacia la entrada, (sus zapatos haciendo eco), inquiriendo entre risa y bochorno: "Y ustedes no me avisan, ah". Los hombres del baño levantaron los brazos mientras se reían.

Sunday, October 08, 2006

The Mosquito Effect or Two Bruised Mangoes

The Mosquito Effect or Two Bruised Mangoes
By: Joel
© 2006

(A true story)

Joel has thick skin and narrow veins. So when he goes to the laboratory to get his blood drawn, nurses pinch him on the back of his hands instead of at the back of the elbow. The inexperienced ones always call the veterans. And the veterans always bring the heavy equipment. They use this little needle called "the butterfly", it is ultrafine and it has wings... hence the name: butterfly. Joel thanks God for it, because otherwise, nurses would be pushing and pulling the stupid needles inside his skin, inside his veins, and hurting him senseless. But this time they didn't have butterflies, they had the new, and (supposedly) improved plastic needles which are fat compared to their metallic counterparts. At least they brought a veteran nurse. "Mira a ver si tu puedes" (see if you can), said the not-as-experienced nurse. So the other one came over and without hesitation she inserted the needle into Joel's skin. It hurt, it never hurts when they use the butterflies. Blood was pouring out, and you could see the needle bending inside the skin. "Uy, eso se dobla" (Uy, that thing is bending), Joel said (he wanted to say "that shit is bending", but he's too proper). "Yeah, its plastic", said the nurse, unexcitedly and unfeelingly. After taking the blood she said that the vein was too short (whatever that means) to put the IV line in/on it. So, she had to pinch Joel's other hand. Long story short: Joel ended with two huge hematomas that bloomed on the back of his hands (and 11 days later they're still there(well, the one on the right hand)), making him look like a dirty junkie, or as if his hands were two bruised, rotten mangoes.

Thursday, September 21, 2006

No nos importas

No nos importas
Por: Joel
© 2006

Te duermes. El cigarrillo entre los dedos. Tu mano recostada en tu frente. Sientes las cenizas en tu pelo, despiertas, y las ves en la cama. Otras veces, has encontrado que el cigarrillo ha abandonado tus dedos, y se ha alojado en las tersas sábanas de tu cama. Has imaginado que un día arderás por tu insolencia, que, en vez de sacudirte las cenizas del pelo, alguien estregará el carbón de las paredes. Sonríes, porque uno sonríe ante las babosadas trágicas de la mente. Fumas. Exhalas el humo, te relajas. Te duermes.

El cigarrillo se escurre de entre tus dedos. Cae de punta en las sábanas. Se apiñan las cenizas, expulsando una minúscula partícula, que flota liviana como un plumón. La pizca aterriza estratégicamente sobre una gota. Una gota de gas que se destila por la astilla del encendedor de cigarrillos.

Tu pelo se enrosca. Tu nariz escudriña aquel olor irritante, pero no te despierta. Tus oídos escuchan un tiritar. Tu piel desnuda se broncea. Se te enciende el pelo, y sentir el ardor en el cerebro despierta tu cuerpo. Los gritos no ayudan. Saltas. Pero demasiado tarde.

La piel se te derrite. Se te aglutina la piel en los dedos, te la desgarras al espantar las llamas. Sientes tus pies agrietarse, como placas tectónicas, tratando de expulsar la quemazón. Tu cara se cocina, se fríe, se tuesta. Tus pulmones se ahuman, se tiznan. La puerta te preserva, no puedes abrir la perilla pues arde y allí relegas involuntariamente tus huellas digitales ensangrentadas. Las lágrimas te queman en las mejillas. La sangre se te coagula con rapidez. Las llagas se te quiebran de nuevo...

Agua te baña desde las ventanas. Cada gota es una estalactita de hielo, que recibes con la sonrisa deformada. Los bomberos arrancan la puerta. Te cargan. Sus ásperos guantes te desmenuzan los brazos, te tuercen los pellejos licuados y resbalan sobre tus músculos. Ya ni puedes gritar. Miras tu cuarto, así al revés, habría que estregar el carbón. Te fijas en la caja de cigarrillos y el encendedor. Ni te miran. No les importas. Reconocibles los dos, yacen sobre el gavetero con la infamia en sus caras calcinadas.

Friday, August 25, 2006

No Te Conosco

No Te Conosco
Por: Joel
©2006

Con los gabetes sueltos, caminas por la acera, alegre por el intenso azul del cielo. Tu pie derecho pisa el gabete del tenis izquierdo, pero el destino trae una turista que te detiene justo a tiempo para preguntarte: "¿a dóunde está el Morrou?". Y le señalas la dirección. "Oh, gracias", te dice. Entonces, al emprender la caminata, levantas el pie izquierdo encadenado por el gabete bajo el derecho. Te tropiezas. Pero no caes. Miras a los lados por el pasme y te ríes, porque siempre que uno se salva de alguna tragedia, uno se ríe.

Compraste en la tiendita, la razón de este corto viajecito. Caminas de regreso a tu casa. Un refresco en la mano derecha, la bolsa de la comprita en la otra. Pisas el mismo gabete. Y te estrellas de boca. Muerdes la acera. Tus dientes rechinan en el áspero cemento. Uno de los dientes se te desgarra de las encías y lo sientes como una piedra alojarse en tu garganta. Se te desmenuzan los labios y arde. La nariz se te incrusta en la cara, junto al latigazo elástico del tabique cuando se fractura. Y luego, el torrente de sangre llueve adentro de tu fosas nasales, un manantial con sabor a hierro rojo, caliente y espeso, que te impide gritar el sufrimiento. Te impide respirar.

Ya en la camilla de los paramédicos, tus ojos cansados y nublados divisan el tenis culpable de la atrocidad. El izquierdo. Estaba allí, con cara de inocente. Se había desligado de ti. Completamente. Te ignora. No te conoce. Y yace de pie en la acera, frente al charco de sangre, con los gabetes sueltos.


Agosto 23, 2006